BIBLIOTECA

dimecres, 11 de gener de 2017

ANTONIO TABUCCHI, LA CABEZA PERDIDA DE DAMASCENO MONTEIRO

Antonio Tabucchi fue un escritor nacido italiano pero de corazón portugués. Murió a los 68 años después de haber escrito algunas de las novelas más importantes del último cuarto del siglo XX como por ejemplo Sostiene Pereira, llevada al cine con Marcelo Mastroiani de protagonista. Hoy nos detenemos en otra gran novela,  La cabeza perdida de Damasceno Monteiro.





En La cabeza perdida de Damasceno Monteiro volvemos a encontrar algunos de los elementos que ya estaban en el título que dio la celebridad internacional a Tabucchi. El libro comienza como si fuera un thriller convencional, con el hallazgo de un cadáver sin cabeza junto a un poblado de gitanos. Será en la investigación que emprende un joven periodista de sucesos cuando afloren los pecados de connivencia de algunos policías con los traficantes de drogas y las miserias, pequeñas y grandes, de un sistema político y judicial que no tiene como objetivo final ni el bienestar ni la justicia.

Comienza así:



dimecres, 7 de desembre de 2016

EDUARDO MENDOZA, UNA FOTO ( artículo publicado en EL PAÍS el 20 de Mayo de 2015)

Una foto

Hace unas semanas, aprovechando una breve estancia en otra ciudad, fui a ver una exposición de pintura provisto de una entrada comprada previamente online. Tenía hora asignada, pero al no saber calcular bien las distancias, llegué a mi destino con media hora de antelación. Como fuera llovía, pedí a la señora de la puerta que me dejara entrar. Respuesta: ni lo sueñes, guapo. Insistí: iba solo y poco problema le causaría si se saltaba la norma. Mi cortesía impostada y mi desvalimiento fingido conmovieron a la señora de la puerta. Lo siento mucho, acabó diciendo con amable firmeza, si fuera por mí, no habría inconveniente en hacer una excepción, pero es que en las salas ya no cabe un alfiler. Al oír esta explicación, debería de haberme marchado, pero como ya había pagado la entrada y fuera realmente llovía y hacía frío, me senté a esperar. Entré cuando me tocó el turno, seguido de varios centenares de personas. En el interior no se podía dar un paso y el griterío era ensordecedor. Atravesé la masa como pude, llegué a la salida y me fui. No lo cuento para reiterar la queja tópica.
Es raro pero es así: los cines están vacíos y los museos, a rebosar. Es el público quien decide, y como dicen en mi tierra: el que paga, manda. Y estamos en periodo de vacas flacas, de modo que si una institución dedicada al arte puede ganarse unas perrillas a base de desbordar su capacidad espacial, y la gente está contenta con lo que le dan, no seré yo quien critique este acuerdo entre las partes. Tampoco es mi especialidad especular sobre el devenir de la cultura. Sólo refiero mi anécdota trivial como introducción a la pregunta que me inquieta: si esta es la oferta, ¿cuál es la demanda? Dicho en otros términos, ¿qué deseo irrefrenable se esconde detrás del afán universal de hacer un turismo de aglomeraciones y prisas? Todos los gobiernos fomentan el turismo, por supuesto, pero los gobiernos fomentan muchas cosas que el ciudadano se esfuerza por no cumplir. Y tampoco le veo mucho sentido al interés de los gobiernos.
Si una persona evade millones de euros y los esconde en el extranjero es un delincuente; pero si muchas personas se gastan los mismos millones en hacerse selfies delante de la Torre Eiffel, todos felices.
Desde el punto de vista económico, el turismo es un arma de doble filo. Entra dinero y sale dinero. Si una persona evade millones de euros y los esconde en el extranjero es un delincuente; pero si muchas personas se gastan los mismos millones en hacerse selfies delante de la Torre Eiffel, todos felices. Probablemente alguna de estas personas sacará provecho intelectual o emocional de la movida, pero la mayoría sólo regresará a casa derrengada, confusa y con un montón de fotos que no verá nadie, ni siquiera su autor y principal protagonista. Si en un futuro lejano eruditos alienígenas estudian la vida en la Tierra a partir de esta cantidad astronómica de fotos, llegarán a la conclusión de que fuimos una raza enloquecida, que se afanaba por perpetuar el momento en lugar de sacarle partido y que pasaba de largo por la vida, colgando las vivencias en la nube. Sé que estoy diciendo tonterías.
El juicio de unos hipotéticos alienígenas es otro tópico del que hemos de guardarnos. Es cierto que hacer fotos para inmortalizar un momento lo convierte en un momento no vivido, sino sólo retratado, pero tampoco es esta la cuestión. Los turistas no hacen fotos por razones existenciales, sino para aplazar la contemplación de lo que están viendo. Están inmersos en un viaje enfebrecido y se han imbuido de un ritmo frenético que les impide pararse a degustar lo que tienen delante. De modo que le echan unas fotos y piensan: ya lo veré luego, ahora sigamos y que no pare la conga. Los lienzos de la exposición que visité con tan poca fortuna, y todos los cuadros del mundo, piden justamente lo contrario. Para ver una obra de arte sólo hace falta tener los ojos en buen estado. Para apreciarla se necesita, además, un mínimo de sensibilidad y también un poco de iniciación a la materia. Pero para que la experiencia cale hondo hace falta una cosa más: atención. Y en la vida que llevamos, ni el tiempo ni el dinero nos alcanzan para poner atención a nada. Una foto y hasta luego.

( de EL PAÍS)


EDUARDO MENDOZA EL MEJOR AUTOR CATALÁN VIVO ( DESPUÉS DE JUAN MARSÉ, CLARO)


Eduardo Mendoza es Premio Cervantes 2016. Nacido en Barcelona en 1943, comenzó su carrera literaria con la publicación de 'La verdad sobre el caso Savolta' en 1975, en una época en la que vivía en Estados Unidos. Con esa primera novela, cuyo título se vio obligado a cambiar por la censura, obtuvo el Premio de la Crítica. Su siguiente novela, 'El misterio de la cripta embrujada', de 1979, es el comienzo de una pentalogía que mezcla la parodia con el género policiaco protagonizada por un detective ingresado en un manicomio. La serie ha sido un gran éxito de ventas, aunque la consagración literaria de Mendoza llegó en 1986 con 'La ciudad de los prodigios', una obra que muestra la evolución social y urbana de Barcelona entre las exposiciones universales de 1929 y 1988. Ganador en 2010 del Premio Planeta con 'Riña de gatos. Madrid 1936',

dimecres, 30 de novembre de 2016

¿DÓNDE CO... ESTÁ EL MÓVIL? O NOMOFOBIA ( ¿ DISCUTIR EN TUTORÍA? )

NOMOFOBIA

( Miedo a no estar conectado, angustia a dejarse el smartphone en casa o consultar los mensajes cada pocos segundos.)


SÍNTOMAS

·         ANSIEDAD
·         MALESTAR GENERAL
·         ENFADO O INQUIETUD
·         FRUSTRACIÓN
·         NEGACIÓN
·         OCULTACIÓN O MINIMIZACIÓN DEL PROBLEMA
·         SENTIMIENTO DE CULPA
·         DISMINUCIÓN DE LA AUTOESTIMA


Se trata de un trastorno que sufre, sin saberlo, al menos la mitad de la población. Cuando nos quedamos sin batería después de pasar todo el día fuera de casa, y una sensación de ansiedad nos invade y nos hace desear intensamente el momento en que volvamos a enchufar el teléfono móvil a la corriente, hablamos de un caso claro de nomofobia. Si somos presas de la desesperación al darnos cuenta a medio camino del trabajo de que hemos olvidado el móvil en el recibidor y de que en el transcurso de esa escasa media hora han podido contactarnos un número inconmensurable de personas, hablamos también de esta novedosa enfermedad, hasta ahora no declarada.


La nomofobia es el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término proviene del anglicismo “nomophobia” (“no-mobile-phone-phobia”). La dependencia del móvil produce  infundada sensación de incomunicación en el usuario cuando este no puede disponer de él, bien porque lo haya dejado olvidado en casa, bien porque se haya agotado su batería o esté fuera de cobertura. 

A pesar de contar con las vías ordinarias de comunicación, empezando por la de personarse ante su interlocutor, el nomofóbico enloquece ante la imposibilidad de contactar con cualquier persona en cualquier momento allí donde se encuentre. No se aplica únicamente a los usuarios de smartphones, si bien es cierto que los antiguos teléfonos móviles no generan en nosotros tanta adicción al no ofrecer posibilidad de navegación, ya que se ha trasladado el grueso de la actividad comunicativa de nuestros cercanos a la mensajería instantánea. Según las estadísticas, los usuarios de smartphones consultan sus teléfonos una media de 34 veces al día.



Los síntomas de este trastorno son sensación de ansiedad, taquicardias, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y dolor de estómago. Según los expertos, el nomofóbico suele ser una persona insegura y de baja autoestima. Las mujeres son quienes más la padecen, dado que su estructura cerebral les procura una mayor necesidad comunicativa y necesidad afectiva que a los varones. En cuanto a la edad, la nomofobia suele darse en mayor medida en adolescentes.

 LAURA MARTÍNEZ DE MUY INTERESANTE

dimecres, 23 de novembre de 2016

EL PRINCIPIO DEL CEMENTERIO MARINO DE VALERY


Le cimetière marin


Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencee
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux! Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.




Cementerio marino
 
Bóveda estanca –vuelo de palomas-,
entre pinos palpita, entre las tumbas;
el fuego enciende un cenit exacto,
¡el mar, el mar, recomenzado siempre!
¡Oh recompensa, acallar la mente
y contemplar la calma de los dioses!
 
¡Qué obra pura consume de destellos
plural diamante de la leve espuma,
y cuánta paz puede concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
labores puras de una eterna causa,
titila el tiempo y es sueño la ciencia.

 Trad. Juan Carlos Sánchez

dimecres, 16 de novembre de 2016

RAFAEL ALBERTI, QUE ABURRIMIENTO EL LATÍN

NOTICIARIO DE UN COLEGIAL MELANCÓLICO
“NOMINATIVO: la nieve
GENITIVO: de la nieve
DATIVO: a o para la nieve
ACUSATIVO: a la nieve
VOCATIVO ¡oh la nieve!
ABLATIVO con la nieve
de la nieve
en la nieve
por la nieve
sin la nieve
sobre la nieve
tras la nieve
La luna tras la nieve
Y estos pronombres personales extraviados por el río
Y esta conjugación tristísima perdida entre los árboles.