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dimecres, 22 de febrer de 2017

EL CABALLERO INEXISTENTE DE ITALO CALVINO








LA OBRA COMPLETA EN ESTE ENLACE

EL CABALLERO INEXISTENTE DE ITALO CALVINO



LAS METÁFORAS DE LA VIDA: UN CABALLERO QUE NO EXISTE ¿NO PUEDE SER?






Tiempo estimado de lectura: 1 min 30 seg
Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y Fez, no existe. O eso al menos barruntan sus compañeros de armas porque el desolado interior de su yelmo vacío no puede hacer pensar otra cosa. Pero Agilulfo existe de la única manera en la que la existencia es indiscutible; por la propia fuerza de la voluntad.
No es el de Agilulfo un deseo vacuo, no quiere existir por el mero hecho de que la existencia tenga una significancia especial, Agilulfo quiere existir porque es en la existencia donde se reafirma su propio ser... que no es. La existencia etérea de Agilulfo es, por lo demás, irritante. Como la única pasión humana que exhibe es precisamente ese mismo afán de existencia, todo lo demás se convierte para él en un reto para llegar a la suprema humanidad, que confunde con suprema perfección. Todo lo que hace, dice, recomienda y responde está sujeto a las más altas cotas de excelencia. Así, entiende la vida militar como un incesante cumplimiento de las ordenanzas, su condición de caballero implica que las reglas de la Caballería son respetadas hasta la última coma, incluso como amante resulta sobresaliente... tanto que a las damas la experiencia les resulta tan excitate que incluso se olvidan de que han yacido con una armadura vacía sin mediar ayuntamiento carnal.
En fin, que Agilulfo acaba por ser un tipo que incordia a todos y al que todos odian, cordialmente, eso si, puesto que al menos se hace cargo de las tareas menos gratas del campamento de Carlomagno.
Sin embargo, la sobria felicidad de Agilulfo se ve ensombrecida por una revelación; bien pudiera ser que su condición de caballero andante haya sido ganada en circunstancias engañosas, lo que conllevaría ser despojado de su condición y por ende vaciar de contenido, si es que se puede decir así, su férrea voluntad de existencia. Acompañado pues de su herrático escudero Gurdulú, en justo contraste con su señor, personaje carnal donde los haya, y perseguido por la guerrera Bradamante, enamorada no de la armadura, sino del ideal que contiene, parte a tierras sarracenas para intentar aclarar que o quien puede arrebatarle su condición de caballero.
La prosa de Calvino, invariablemente, es irónica. Presenta a los caballeros del ejército de Carlomagno como una pandilla de vividores más preocupados de las cartas, el vino y las mujeres que de batallar y campear por la cristiandad. Por ello es tan poco bien recibido Agilulfo, porque les recuerda a cada paso, con cada ademán, la deshonra que suponen para su cofradía.
A excepción del propio Agilulfo, que ya lo ha encontrado, todos los personajes de la novela buscan su destino, Bradamante su hombre ideal, que encuentra en Agilulfo, aspirantes a caballeros ansiosos por conseguir fama y fortuna, infanzones en busca de venganza, Gurdulú siempre ansioso por comer y si puede fornicar. Todos ellos van encontrando lo que buscan, algunos rebajando sus expectativas, otros más de lo que esperaban.
Finalmente, Agilulfo es el único que aún estando donde quería estar, acaba siendo desdeñado y relegado, porque hay cosas para las que la simple voluntad no basta. Un poco de suerte nunca está de más.
© Francisco José Súñer Iglesias, (534 palabras)©

dimecres, 15 de febrer de 2017

REFLEXIÓN VISUAL SOBRE LOS MÓVILES MAL USADOS O NO

Hace tiempo que comento con mis amigos que veo reuniones sociales en las cuales la gente no está con los que están allí sino con los que no están! Y cuando están con estos últimos están con otros!













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dimecres, 1 de febrer de 2017

HANS FALLADA, SOLO EN BERLÍN


Berlín, 1940, la ciudad está dominada por el miedo. Cuando la cartera Eva Kluge llega a casa de los Quangel en el número 55 de la calle Jablonski, con una carta que les anuncia la muerte de su único hijo en un campo de batalla francés, el golpe es terrible, insoportable. Es el principio de la Segunda Guerra Mundial y toda la ciudad, todo el país y pronto media Europa, vive bajo el yugo del régimen de Hitler. Otto y Anna Quangel se plantean entonces si están haciendo todo lo que está en sus manos para luchar contra el Tercer Reich. Sí, son gente corriente, sin ninguna posibilidad frente al régimen nazi, pero ¿realmente se pueden quedar de brazos cruzados cuando la barbarie se ha llevado a lo que más amaban en el mundo? ¿Pueden compartir el mismo silencio cómplice que la inmensa mayoría de la población? Empieza entonces un acto de heroicidad que llevará a Otto a distribuir tarjetas postales de denuncia a Hitler por todo Berlín; y a perseguir al ambicioso inspector de la Gestapo Escherich. Muy probablemente constituye un acto suicida y también un peligroso juego en el que, sea quien sea quien pierda, lo pagará con su propia vida.

Sobre Hans Fallada:
Este autor alemán escribió Solo en Berlín basándose en hechos reales, en concreto la vida de la familia Hampel. ¡¡¡ Las 866 páginas las escribió de una tirada!!!! durante el mes de noviembre de 1946. Desgraciadamente murió en 1947, dejando muy poca obra, pero de un dramatismo y una fuerza bestial. Absolutamnete recomendable para los que olvidaron lo que es el fascismo y para que, los que no lo conocieron nunca, puedan distinguirlo sin TRUMPas ni cartón.

dimecres, 25 de gener de 2017

PACO DÍAZ VALLADARES, NOVELISTA DE LOS BUENOS.

Paco Díaz Valladares, de Villamanrique, Sevilla, autor de novelas de las buenas, con mucha acción y que los editores dicen que es autor de novelas juveniles, como si fuera un subgénero, ha ganado el premio más importante que hay de este tipo de literatura el EDEBE, dotado con un pastón, 30 000 €, y edición en todo el mundo, en francés, inglés y más. Gran abrazo para él de parte de Mijose, osea  yo mismo.

 ENTREVISTA 
Francisco Díaz Valladares
El Templo #41 (agosto 2014) por Rocío Carrillo

Francisco Díaz Valladares nació en El Aljarafe, Sevilla, aunque actualmente vive en La Línea de la Concepción (Cádiz). Desde 2007 publica novelas de literatura juvenil y en 2012 ganó la XII edición del Premio Alandar con su novela Antares. Además de ser escritor, le encanta pasar tiempo en el mar y hacer travesías. Por eso, antes de marcharse a navegar y hacer el Camino de Santiago, nos ha concedido una entrevista para conocerlo a él, y a sus novelas, un poco mejor.

Tu última novela, Terror bajo los hielos, nos hace viajar hasta Noruega. Allí, las jóvenes esquiadoras Vanesa y Diana se verán envueltas en un asunto turbio con gente muy peligrosa. ¿Cómo se te ocurrió la idea? ¿Fue difícil documentarte para describir las zonas que visitan las protagonistas?
La idea para una novela surge de repente, sin esperarla. Es una sensación de vacío en el estómago que te obliga a ponerte en marcha cuanto antes porque sabes que, más tarde o más temprano, tienes que echar fuera lo que se está gestando dentro de ti (casi como un embarazo).
Hace un par de años estuve hablando con mi buen amigo, el catedrático en arqueología y numismática, D. Manuel Martín Bueno, sobre una expedición que realizó a la Antártida. Me gustó tanto el relato y me pareció tan fascinante la aventura, que enseguida surgió la idea de la novela. A la mañana siguiente ya había buscado un mapa de la Antártida y lo había clavado en el corcho que tengo junto al ordenador, me había comprado varios libros sobre la Antártida y el Polo Norte y había empezado a visitar páginas en Internet relacionadas con el tema. Por cierto, una de las partes más agradables e importantes de la escritura es la de documentación. El cerebro y todo tu ser se está empapando de información y cuando te sumerges en la historia, automáticamente aflora y te sirve de alfombra para deslizarte sin problema sobre el relato.
En 2007 empezaste a publicar literatura juvenil y, hasta ahora, tienes una media de un libro por año. ¿Cuántas historias tiene Francisco Díaz Valladares en la cabeza? ¿Alguna vez has sentido ese miedo a la página en blanco?
Los autores decimos muchas cosas raras, Rocío. Lo del miedo a la página en blanco lo he escuchado muchas veces, pero yo no sé lo que es. También está lo de la inspiración, lo de las musas… A mí las musas me reclaman todos los días a las seis de la mañana y cuando acudo, allí están todas. Cuando tienes algo que contar no hay páginas en blanco. Y si se te ocurre forzar algo que no aparezca de forma natural o que no hayas preconcebido en tu cerebro, como he comentado en la pregunta anterior, va a salirte cualquier cosa menos un buen relato. Así que soy de la opinión de no forzar nunca. Es cierto que, de vez en cuando, los personajes dejan de hablarte, se callan; es como si no quisieran seguir contándote sus historias. En ese momento, lo que yo hago es dejar de escribir y esperar a que tomen de nuevo la palabra; pero sin agobios. Ya volverán. (Siempre vuelven).
Me preguntas cuántas historias tengo en la cabeza. Una por día vivido. Es decir, tengo sesenta y tres años, pues… unas 23.000. Como solo he escrito veintitantas me quedan…
Mira, yo nací en una época en la que no había de nada. Incluso tuvimos que inventarnos el mundo para poder vivir en él, y, además, tuve la suerte de tener una abuela (Isabel), que era matrona, santa y sabia. Ella me aconsejaba montarme en todos los trenes que pasaran por mi puerta. «Tú móntate. Si no te gusta el vagón, te bajas en la siguiente estación, porque como no te montes, ese no vuelve a pasar por tu lado». «Y no tengas miedo. Lo que vaya a pasarte te va a pasar sentado en la butaca o corriendo detrás de una liebre».
Desde que tengo uso de razón he aprendido a concebir el mundo así. Me gusta casi todo: leer, pintar, escribir, caminar, saltar en paracaídas, navegar a vela, el submarinismo, la pesca, hablar con la gente, interpretar lecturas con mi nieta Lola, reírme, llorar… Me he metido en berenjenales que ni siquiera podría contar por increíbles… Cuando llego a los sitios me gusta visitar los suburbios antes que las avenidas (se aprende más). A pesar de que siempre tengo la sensación de no saber nada, disfruto mucho compartiendo con los demás lo poco que sé. Esto a veces no se interpreta bien. La gente no se lo cree y lo tergiversa.

dimecres, 18 de gener de 2017

Sostiene Pereira - Trailer Ita





Un excelente trabajo de Mastroianni

Gracias a conseguir no estar encasillado en papeles de galán, sino dedicarse a interpretar cualquier tipo de personaje, el gran actor italiano Marcello Mastroianni ha intervenido en unas 150 películas en casi 50 años de carrera cinematográfica. Esto hace que a los 71 años se haya enfrentado con el complejo personaje de Pereira, el protagonista de la excelente novela de Antonio Tabucchi Sostiene Pereira, que no parecía que tuviese mucho que ver con él, con la frescura de un debutante, para lograr el excelente trabajo de un consagrado.Como momentánea cima en su ascendente carrera literaria, el novelista italiano Antonio Tabucchi publica en 1994 su obra maestra Sostiene Pereira. Su amor por Portugal y su interés por la libertad le llevan a crear el excepcional personaje de un viejo periodista, fascinado por la muerte, que recibe el encargo de dirigir una página cultural para el mediocre diario Lisboa, a finales de los años treinta, durante una de las etapas más duras de la dictadura de Salazar, con la guerra española al lado y el trasfondo del fascismo italiano.

Sostiene Pereira

Director: Roberto Faenza. Guionistas: Roberto Faenza, Sergio Vecchio, Antonio Tabucchi. Fotografía: Blasco Giurato. Música: Ennio Morricone. Italia, Francia; 1995. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Stefano Dionisi, Nicoletta Braschi, Daniel Auteuil, Joaquim de Almeida, Marthe Keller, Teresa Madruga. Estreno en Madrid: Palafox, Arlequín, Canciller, Renoir (v.o. subtitulada).
A la hora de hacer una adaptación cinematográfica de Sostiene Pereira se monta una sólida coproducción entre Italia y Francia y se encomienda la dirección a Roberto Faenza, que además escribe el guión en colaboración con Sergio Vecchio y el propio Antonio Tabucchi. Nacido en Turín en 1941 y con una muy endeble trayectoria cinematográfica a sus espaldas, poco más de media docena de irregulares y sarcásticas películas en casi 30 años de profesión, no parecía Roberto Faenza el realizador adecuado para dirigir tan compleja empresa.
Sin embargo, la película Sostiene Pereira es una perfecta trasposición en imágenes de la novela homónima de Tabucchi. Están muy bien dadas las relaciones del viejo periodista Pereira con su nuevo y joven colaborador, Monteiro Rossi, y su novia, Marta. Así es como, a través de ellas, llega a una personal toma de conciencia que le lleva a ayudar a sus amigos en favor de las fuerzas republicanas españolas y también a cambiar sus minuciosos hábitos de vida.
En ningún momento Roberto Faenza hace una labor personal y creativa, se limita a ilustrar el rico texto de Tabucchi, pero lo hace muy bien y de forma especialmente cuidada. De manera que tanto el apasionado lector de la novela original, como aquel que la desconozca, pueden quedar satisfechos con esta producción, que ha funcioando bien en el mercado italiano.
Íntegramente rodada en Portugal, con una ambientación muy cuidada, lo único que resulta extraño es que los actores hablen italiano en lugar de portugués. A este nivel, Roberto Faenza demuestra ser un buen director de actores, tanto por el excepcional trabajo del veterano Marcello Mastroianni, como el del joven Stefano Dionisi, y también, en papeles más secundarios, del francés Daniel Auteuil, la alemana Marthe Keller y el portugués Joaquim de Almeida.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de agosto de 1996


ANTONIO TABUCCHI, SOSTIENE PEREIRA

SOSTIENE PEREIRA, LA PELI


Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo. Sería porque su padre, cuando él era pequeño, tenía una agencia de pompas fúnebres que se llamaba Pereira La Dolorosa, sería porque su mujer había muerto de tisis unos años antes, sería porque él estaba gordo, sufría del corazón y tenía la presión alta, y el médico le había dicho que de seguir así no duraría mucho, pero el hecho es que Pereira se puso a pensar en la muerte, sostiene. Y por casualidad, por pura casualidad, se puso a hojear una revista. Era una revista literaria pero que tenía una sección de filosofía. Una revista de vanguardia quizá, de eso Pereira no está seguro, pero que contaba con muchos colaboradores católicos. Y Pereira era católico, o al menos en aquel momento se sentía católico, un buen católico, pero en una cosa no conseguía creer, en la resurrección de la carne. En el alma, sí, claro, porque estaba seguro de poseer un alma, pero toda su carne, aquella chicha que circundaba su alma, pues bien, eso no, eso no volvería a renacer, y además ¿para qué?, se preguntaba Pereira. Todo aquel sebo que le acompañaba cotidianamente, el sudor, el jadeo al subir las escaleras, ¿para qué iban a renacer? No, no quería nada de aquello en la otra vida, para toda la eternidad, Pereira, y no quería creer en la resurrección de la carne. Así que se puso a hojear aquella revista, con indolencia, porque se estaba aburriendo, sostiene, y encontró un artículo que decía: «La siguiente reflexión acerca de la muerte procede de una tesina leída el mes pasado en la Universidad de Lisboa. Su autor es Francesco Monteiro Rossi, que se ha licenciado en filosofía con las más altas calificaciones; se trata únicamente de un fragmento de su ensayo, aunque quizá colabore nuevamente en el futuro con nosotros.»