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dijous, 14 de maig de 2015

LA NUBE DE SMOG de ITALO CALVINO



 En una de esas épocas en que no me importaba nada de nada, vine a establecerme a esta ciudad. Establecerme no es la palabra adecuada. La estabilidad no me interesaba; quería que a mi alrededor todo siguiera siendo fluido, provisional, y sólo así me parecía salvar mi estabilidad interna que por otra parte no hubiera sabido explicar en qué consistía. Por eso cuando, por una cadena de recomendaciones, me ofrecieron un puesto de redactor en la revista La Purificación, vine a buscar alojamiento. Para alguien que acaba de bajar del tren, ya se sabe, la ciudad entera es una estación: uno da vueltas y vueltas por calles cada vez más deprimentes, entre garajes, depósitos de mercancías, cafés con mostrador de zinc, camiones que arrojan a la cara vaharadas pestilentes, y cambia continuamente de mano la maleta, siente los dedos hinchados, sucios, la ropa interior pringosa, nerviosismo, y en todo lo que ve hay nerviosismo, todo está hecho añicos. La habitación amueblada que me convenía la encontré justamente en una de esas calles; en las jambas del portal había dos racimos de tarjetas, pedazos de cajas de zapatos colgadas de cordeles con el anuncio de las habitaciones en alquiler escrito groseramente y el sello fiscal en un ángulo.

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